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Diagnosticar la muerte de una persona es uno de los actos médicos de mayor trascendencia, puesto que es la única circunstancia que termina con la personalidad jurídica de aquella. Aunque pueda parecer mentira, hoy en día no se conoce el número de personas que han sido declaradas muertas, sin haber alcanzado la condición de cadáver, y aunque solo fuera una, ya sería suficiente motivo para abordar el problema de los errores en el diagnóstico de la muerte.
A lo largo de la obra (del trabajo, del texto) -cuyo título es suficientemente expresivo- se exponen casos, del pasado lejano, del pasado más próximo y de la actualidad. de hecho, los tres últimos casos que han ocurrido, no han podido ser incluidos por el autor. Y de no cambiar las cosas, van a a seguir produciéndose yerros médicos, con las consiguientes nefastas consecuencias para sus víctimas.
En uno de los capítulos se exponen los medios existentes en la actualidad para que, sin ningún género de dudas, no se dé un solo caso más: es algo tan sencillo como que los médicos actuantes establezcan el diagnóstico de Síndrome de Muerte.