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La frontera entre ciencia y polÃtica no ha sido tan nÃtida como el positivismo pretendió hacernos creer. Por el contrario, cualquier aproximación no normativa al estudio del desarrollo cientÃfico moderno pone de manifiesto la existencia de territorios en los que ciencia y polÃtica se solapan. Este solapamiento no constituye una anomalÃa, es una caracterÃstica central de la ciencia y la tecnologÃamodernas. Lejos de la simpática imagen del cientÃfico excéntrico y ensimismado, completamente ajeno a la realidad que le rodea, una adecuada comprensión del desarrollo cientÃfico contemporáneo necesita prestar atención a las relaciones que se establecen entre ciencia y polÃtica, como el interés de los Estados por la ciencia y la tecnologÃa a través de polÃticas de la ciencia de un signo u otro, ladimensión polÃtica de las comunidades cientÃficas o las actitudes y los compromisos polÃticos de los propios cientÃficos.