Suscríbete a nuestro boletín de novedades y recíbelo en tu email.
A menudo se explica la vida cotidiana en la época moderna mediante escenas de una sociedad inmóvil, adocenada y sometida al dominio del estado absoluto y de la iglesia católica, en buena medida porque en la posteridad han triunfado los discursos y representaciones que elaboraron esos mismos poderes. Pero debajo de esa realidad hegemónica, los cambios se sucedieron de manera constante y las transgresiones fueron más frecuentes que excepcionales.