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DiscrimaciÒn y seguro forman un todo inextricablemente unido. Un todo, totÉmico hasta cierto punto, que configuran y contornean el contrato de seguro, Ämbito este que, con unas tÉcnicas u otras, mÄs rudimentarias o sofisticadas, y hoy en el parnaso de la algoritmia, hacen que, sin ella, no pueda entenderse este. Tal y como reseÛamos en las primeras lÍneas de este ensayo, que bebe de aÛos de estudio y publicaciones del contrato de seguro, situamos el foco en un omnipresente factor, sin el cuÄl, difÍcilmente, entenderÍamos el contrato de seguro. La discriminaciÒn. La discriminaciÒn es el trato desigual entre iguales. No entre desiguales si bien hay que identificar los parÄmetros de esa desigualdad para no sesgar la selecciÒn. TÉrmino, concepto, vocablo que transcurre y recorre por las fibras de este contrato incluso en su fase y momento pre-perfectiva y la ata, ademÄs, en la propia de la gestiÒn del siniestro. Desde el diseÛo mismo del producto del seguro la discriminaciÒn, -advierta lector que no adjetivamos Ésta si positiva o negativa-, estÄ presente. Pues discriminar es elegir, es optar, es limitar, es cuestionar en ×ltimo y ×nico extremo lo que es y como es asegurable para pasar a estar, en fin, asegurado.