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A Silvio José Pereda, el parado egomaníaco salido de la mente de Paco Alcázar, le gustan las mujeres. Concretamente, las pelirrojas de metro noventa y dos, con gorra, brazos cortos y tobillos anchos. A pesar de eso, y por razones misteriosas, su vida sentimental siempre ha estado más cerca de la comida basura o del mando de su televisor que de cualquier miembro de la población femenina. Pero las cosas van a cambiar. Tras 45 años de convivencia con su sufrido padre, está a punto de cruzarse en su vida Sandra, una mujer (real) con quien iniciará una auténtica relación de pareja. Y ahí no acaba la cosa. Después de Sandra llegará Susana, y después de Susana, Silvio caerá hechizado por Silvia.